La Conquista del Atlántico – territorio indígena y bosques primarios en riesgo en Panama

La Conquista del Atlántico – territorio indígena y bosques primarios en riesgo en Panama

Foto: Raphael Salazar

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Este es un resumen del ‘’La Conquista del Atlantico’’ de Guido Bilbao, escrito con el apoyo del Pulitzer Center on Crisis Reporting.

515 años después de la llegada de Colón, una operación silenciosa pero en expansión amenaza la existencia de docenas de comunidades en una de las últimas reservas de bosque primario en Panamá - el corredor biológico mesoamericano. Es un proyecto extractivista masivo que incluye hidroeléctricas, megaminería, una red de transmisión eléctrica para exportar energía a la región y decenas de kilómetros de caminos e infraestructura en bosques protegidos. Todo comienza con una trocha de treinta y dos kilómetros de asfalto que terminará de comunicar la carretera panamericana con el Caribe.

Este Informe del Pulitzer Center on Crisis Reporting investiga por qué el Gobierno de Panamá, así como un empresario holandés, pueden lograr lo que ni siquera Columbus pudo conseguir?

Lea el informe completo aquí: La Conquista Del Atlántico

La Conquista del Atlántico ha sido un sueño del Gobierno de Panamá desde la década de los 1970, pero la construcción comenzó a fondo en el 2014. Con un 40% ya hecho, la carretera completa se estirará treinta y dos kilómetros a través de la selva donde avanza sobre diversas comunidades indígenas y terminará de consolidar un corredor vial desde la carretera Panamericana hasta el mar Caribe. Representa la apertura de un proyecto de explotación de los recursos naturales a una escala que asusta: megaminería, hidroeléctricas, una nueva línea de transmisión de energía, carreteras y turismo masivo. Un combo demoledor, en un país sensible al cambio climático.

A las comunidades, sin embargo, se comunica que es un proyecto social para mejorar su conexión con el mundo.

Las comunidades indígenas Ngäbes y Buglé, con cerca de 350,000 personas, han habitado las montañas en el noroeste de Panamá por más de 10,000 años. La lejanía de este paisaje los ha protegido de la tendencia de desarrollo y turismo que domina en Panamá. Su aislamiento es lo que ha salvado sus bosques de la explotación y les ha permitido mantener el hilo que conecta su forma de vida con los tiempos ancestrales. Hasta ahora.

“En nuestra cosmovisión, el hombre no es dueño de la tierra. Ambos nos necesitamos. Los bosques nos dan nuestro sustento y nosotros somos sus guardianes para las próximas generaciones,” el cacique Saturnino Rodríguez, líder de los congresos comunitarios de la zona.

Cristina Carpinteros, a young Buglé woman
“Cuidar a la naturaleza es como cuidarse a uno mismo. Es la manera de sobrevivir,” Cristina Carpinteros, joven Buglé. Foto: Raphael Salazar

Para los pueblos indígenas, el bosque es un espacio de vida, no una oportunidad de negocios. Viven de lo que la tierra da. Recolectando frutos, pescando en los ríos y sembrando en pequeñas parcelas que renuevan cada cinco años para permitir la regeneración del monte. “Cuidar a la naturaleza es como cuidarse a uno mismo. Es la manera de sobrevivir,” Cristina Carpinteros, joven Buglé.

El gobierno ha prometido a las comunidades indígenas que la Conquista Del Atlántico les traerá prosperidad y los sacará de la pobreza. Pero las comunidades indígenas en el Caribe piensan diferente.

“Yo creo que la carretera va a traer cosas buenas y cosas malas”, dice Mariela, joven Buglé. “Las cosas buenas serán para los de afuera y las malas para nosotros.”

Una de las canteras más grandes que produce grava para la construcción de la carretera corre a lo largo del río Luis, la fuente principal de agua potable para estas comunidades. Este año, el río comenzó a volverse color chocolate. El diario El Siglo denunció que habían niños afectados con diarrea y dolores estomacales por beber aguas de las quebradas, como lo hicieron siempre.

Las comunidades indígenas continuarán resistiendo y defendiendo sus territorios, y exigiendo el reconocimiento de sus derechos colectivos sobre la tierra. Según Daviken Studnicki-Gizbert, investigador de historia latinoamericana en la Universidad de McGill, “está demostrado que cuando llega el momento, los indígenas son los que sostienen las luchas más prolongadas. Hay una cohesión mucho mayor y un respaldo a su dirigencia más sólido. No pueden aplicarles el divisionismo táctico.”

El informe de Putlizter también documenta el caso del empresario holandés Max Van Rijswijk, quien ha adquirido 6,650 acres de tierra a lo largo de la costa del Caribe a nombre de siete fundaciones diferentes. El caso aparece en la famosa investigación Panama Papers. A las familias en el área costera de Calvébora se les prometió $ 100,000 o más por sus lotes y se les dijo que se convertirían en áreas de conservación para la protección de tortugas. Años más tarde, muchos no han visto más del 10% del dinero prometido, mientras que sus lotes ahora se venden por millones de dólares en Caribbean Riviera, la compañía de Max van Rijswijk.

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